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martes, 11 de mayo de 2010

Árbol podrido


La violencia irracional por décadas ha sido una constante en las luchas estudiantiles por sus “derechos” Los que estamos afuera diferimos de que lo que ellos llaman así. No estudie en un universidad pública ni pertenecí a ningún movimiento estudiantil, conozco a chavalos que si cumplen con ambas premisas y por ende puedo saber que no luchan por sus derechos. Luchan por cuotas de poder, por cargos en la pirámide estudiantil, por cargos partidarios y por cargos públicos. Difusos se miran los años en que los jóvenes estudiantes eran consecuentes con sus ideas. Pocos vivimos la época de la masacre por la Guardia Somocista en las calles leonesas y pocos tenemos ideas de lo que ocurrió ese día. Atrás quedaron líderes estudiantiles aclamados por la mayoría de los nicaragüenses, hoy se sabe que los líderes actuales son hombres de la segunda edad. Hombres con sus pelos canos, se dice que algunos son abuelos. Hoy no luchan por sus ideales, luchan por un pastel del presupuesto, a las universidades públicas va el 6% de la presupuesto. Una buena parte del dinero de los nicaragüenses que todo mundo quiere manejar a discreción. Desde 1990 que se incrementó el porcentaje al CNU no se ha invertido en nuevos laboratorios, la mayoría es donada por países europeos, las instalaciones universitarias son dignas de asco, los baños parecen cloacas, se desvía el dinero para financiar proyectos que funcionan como privados y que no dan cuenta a nadie del manejo de sus finanzas. Se necesita una reingeniería en la Autonomía Universitaria, pienso que el “bateo libre” a lo que rectores y líderes debe cesar y que se le debe jugar con bola pujada.
Ya no se lucha contra dictaduras, más bien se apaña una. Ya no se repudia a esbirros, se ataca con lodo a héroes de la insurrección y se le cierra la puerta a punta de candado a intelectuales o dejándolos a oscuras, al puro estilo de la época cavernaria. Ya no se enfrenta contra un cuerpo armado genocida, ahora, su blanco son sus compañeros de clase, sus compañeros de facultad.
A mediodía que miraba las noticias, me revolvió el estómago las imágenes que mostraban a delincuentes, a pandilleros encapuchados intimidar con pistola en mano y golpear con puntapiés y tubazos a sus compañeros. Tal vez si la situación fuera invertida, el resultado no hubiera cambiado, pero igual seria digna de repudio por medio de un pueblo que está harto de la violencia. Mientras esto sucedía, la Policía Nacional se acomodaba en su sofá y tranquilamente miraba los hechos con una pasmosa paciencia. Pero bueno, como los podemos culpar? Los hijos de estos mismos policías se mataban entre ellos. Señoras y señores ¡estamos con las manos arribas!